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El aura de Antonio Machado envuelve a los alumnos del instituto de Soria donde dio clase

El aura de Antonio Machado envuelve a los alumnos del instituto de Soria donde dio clase

“Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta, no fue por estos campos el bíblico jardín”. Se trata, sorpresa, de adolescentes recitando poesía en horario escolar, de pie, solemnes ante un atril mientras al fondo otros chicos se tronchan al ver al compañero leer en voz alta los finos versos de Antonio Machado, que está siendo homenajeado estos días en Soria por el 150º aniversario de su nacimiento. El sevillano forjó su leyenda literaria en las orillas del río Duero, glosando las curvas de ballesta y usando como tinta la sangre de los campos castellanos. Soria, repleta de estatuas y alusiones al poeta en su callejero, le rindió tributo este lunes implicando al alumnado del instituto donde el poeta dio clase en un recital de 12 horas de lecturas de poemas.

”¿Qué tiene Machado para que sea tan importante?”, pregunta un profesor. “Aura”, responden los adolescentes, utilizando un término de moda entre los nacidos en 2008 para alabar a sus ídolos y probablemente nunca usado para ensalzar a un poeta nacido hace dos siglos. Los maestros se afanan por contener las bromas de sus pupilos mientras en el aula sus compañeros recitan “el hospicio, el viejo hospicio provinciano, el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas en donde los vencejos anidan en verano”, alguno trastabillándose con términos más literarios que callejeros. En la sala hay varios pupitres de los tiempos del poeta, arribado a Soria en 1907 con 32 años, así como manuscritos del escritor, fotografías de la época y versos y más versos colgados en las paredes. Los distintos cursos van desfilando por la sala, leyendo uno a uno cuartetos de Machado en una larga rueda de poesía. Hay pantalones rotos, ombligos al aire, mechas rubias, zapatillas altas, acnés, bigotillos, coloretes al salir al estrado, chándales de moda, sudaderas amplias y cabelleras maqueadas a los lados con la permanente en lo alto. También diversidad de opiniones sobre el autor y su influencia en la capital de provincia más pequeña de España (36.000 habitantes).

Un alumno del instituto señala un poema durante el recitado, este lunes.
Un alumno del instituto señala un poema durante el recitado, este lunes.María Ferrer

Un estudiante de segundo de Bachillerato cuenta bromeando que de Machado conoce sus amoríos y cotilleos con la soriana Leonor, de 13 años, cuando la conoció, hija de los dueños de una pensión donde se instaló. Otro chico exclama: “¡Está guay para perder clase!”. Al poco, tras los arrebatos hormonales, emerge la sensatez. Martín Navas, de 17 años, presume: “Todo el mundo conoce a qué instituto vamos y con las actividades vamos aprendiendo. Nos cuentan la historia de Machado desde pequeñitos, es una ciudad pequeñita con personajes importantes que le dan prestigio”. Gerardo Diego o Gustavo Adolfo Bécquer, entre otros. Todos coinciden en que Soria exhibe el legado del poeta y que hasta en casa se habla de él. Inés García, de 18 años, cita a su abuela: “Es muy fan de la poesía de Machado: tiene un montonazo de libros y siento cercanía y prioridad por ser de Soria”. Pilar García, de 17, añade que gracias a iniciativas como estas leen en su tiempo libre, algo inusual. La esfera política también brota al preguntarles por qué el autor murió en Colliure (Francia) en 1939. “Se fue al exilio”, responde un chico, y otro corrige: “¡Lo echaron!”.

—¿Por qué?

—Se oponía al sistema político, era republicano. Gracias a Dios hemos cambiado como sociedad”.

Cambio de clase, habla su profesor de Lengua y Literatura, el almeriense Juan Carlos Pérez. “Para mí es un orgullo estar aquí, aunque cada vez hay menos pasión por estas materias”, se resigna el maestro, aunque aprecia que en los alumnos más mayores laten inquietudes y capacidad reflexiva. “¡Castilla, tus decrépitas ciudades! ¡La agria melancolía que puebla tus sombrías soledades! ¡Castilla varonil, adusta tierra, Castilla del desdén contra la suerte, Castilla del dolor y de la guerra, tierra inmortal, Castilla de la muerte!”, lee otro muchacho, jaleado al terminar. La baja edad media del público aumenta según entran sorianos mayores a este recital abierto. Esther Villar, de 75 años, escucha emocionada recordando cuando hace décadas ella, “de pueblo, mujer e hija de obrero”, pudo estudiar en ese mismo instituto mientras los señoritos de la ciudad se reían. “Durante el franquismo el aula estaba cerrada y mirábamos por la mirilla; solo la vimos una vez, cuando la abrieron unos carpinteros”, evoca Villar: “Machado sigue siendo eterno, falta que se lea con emoción”.

Un estudiante y una ciudadana de Soria recitan en conjunto un poema de Machado.
Un estudiante y una ciudadana de Soria recitan en conjunto un poema de Machado.María Ferrer

El director del centro, Miguel Ángel Delgado, 57 años, sonríe satisfecho atendiendo a los jóvenes. “Es una colaboración entre el centro, el Ayuntamiento y la Asociación de Amigos del Instituto. La asociación, cada 22 de febrero [día de la muerte de Machado], hace dos horas de lecturas y por el 150º aniversario decidimos hacer 12 ininterrumpidas. Los alumnos que estudian en el instituto de Machado tienen un plus por aprender sobre su figura”, observa Delgado. “Fue una clara tarde, triste y soñolienta tarde de verano”, se escucha en la hora del recreo de esta radiante mañana primaveral entre bramidos de quienes gozan del patio. María Jesús Gómez, de 69, encara el atril y, tras recitar al poeta, confiesa: “Es la primera vez que leo en público”. La soriana ha viajado regularmente a Colliure para dejar flores y leer junto a la tumba del poeta: “He leído muchas veces a Machado, significa mucho para mí y es un poeta excepcional”.

Sigue circulando la chavalería. La profesora Raquel Calvo pastorea. “Tomaos en serio lo bonito de leer versos de don Antonio Machado, no es cualquier cosa”, exige la antaño alumna del IES Antonio Machado: “Todos desde nuestra parcela queremos que Machado siga con nosotros por generaciones y generaciones”. Mohamed Sadeq, de 17 años, comenta que “es un día especial por estar leyendo poemas” y Paula Torres, de 16, admite no ser lectora, pero que la obra del poeta “es como ver el cariño que tenía a Soria”. La docente exige algo de nervio y selecciona bien a los alumnos: “Este se titula Un criminal, así que hay que leerlo con fuerza. ¡Pablo y Manuel, a leerlo los dos!”. Los chicos lo hacen bien y la profesora dice: “Un día nos saltamos clase y vamos al museo y al archivo de Antonio Machado”. Ovación.

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